24 septiembre 2008

¡Ay los niños!







Según San Juanka

Siempre bonitos, siempre juguetones, siempre honestos, siempre niños hasta que se cruzan con un adulto que solamente se preocupa en aparentar finura.

Hace unos días, por gracia de Dios, fui a almorzar junto con mi familia a un restaurante donde se servían sólo exquisiteces: pescados, mariscos, pato, cuy, comida norteña; en fin, comida muy costosa a la cual, nuestros paladares limeños no están acostumbrados. ¡Y de la gente! Ni que hablar, pituquitos, ojos verdes, buen vestir, bien perfumados y hasta con varias cirugías encima. Es mas, yo ni sabía cómo había caído en ese lugar, pero eso es motivo para otra de mis Juancarladas.

Durante la calurosa tertulia con la familia llegó, como es normal, una señora con su madre y su hija de apenas 8 o 9 años, pero la madre – adulta esta – empieza a leer el nombre de los platillos como si el resto de los comensales no supieran leer. Pero por si fuera poco, se molesta con su hija porque al ir a los servicios higiénicos o baño como comúnmente se conoce, la niña golpea el piso de madera con sus relucientes botas y la madre le dijo enérgicamente que no haga bulla.

Al regresar la infante, pregunta ansiosamente a su mamá a qué hora se van a su casa porque tiene hambre. La señora le responde calmadamente que ese día almorzarían el típico cebiche en ese lugar, a lo cual, la intrigada niña se sorprende y le recuerda que en casa hay puré que sobró del día anterior y que incluso, ella tenía ganas de comérselo.

Ya se imaginarán la vergüenza que pasó la ostentosa madre, cuyo rostro se le puso de mil y un colores al escuchar la candidez de esa tierna niña. Luego de un silencioso segundo que hasta el mozo se aguantaba una carcajada, la señora recalcó que ese día almorzarían ceviche porque es más rico que el puré.

En esos momentos, donde esta señora se avergonzó del comentario de su hija seguramente por encontrarse en un lugar al cual solamente asisten personas con cierto status – y no quiero decir con esto que yo también esté incluido en el mundo del materialismo –, yo me sentí incómodo y hasta molesto porque nadie de los presentes comprendió que esta niña solo se comportaba como tal; es decir, como una niña, quien no le importa el qué dirán de las personas, ni mucho menos conoce el significado de tener status o aparentar ser alguien que en realidad no es.

Para mí, lo más importante es ser yo mismo y no fingir ser otro.
Y a usted, ¿cómo quiere que lo vean los demás? ¿Cómo un adulto fingiendo ser alguien que no es o cómo alguien que aún lleva alma de niño?

4 comentarios:

chari dijo...

juanca, lo principal es ser auténtico.

Un beso de Chari

Anónimo dijo...

Oye brother, el cuy es un asco y te lo digo porque lo he probado, asi que por favor pues.

Pablo Córdova Delgadillo dijo...

Para Anónimo:
Que tal imbécil, que tiene que ver el cuy, y si no te gusta,¿A quién le importa?. Hablamos.

Juan Carlos Antón Llanos dijo...

Para anónimo:
Perdón por la ignorancia, pero luego de consultar con expertos en el tema, aún no sé que tiene que ver este animal en el post.