22 septiembre 2008

Desenlace inesperado

Es necesario aclarar ciertos puntos antes de continuar con el desenlace de la historia. En esta semana he recibido toda clase de adjetivos que tratan de describirme como un hombre cruel y sin escrúpulos. Permítanme decirles que tampoco soy ese tipo de monstruo, que quizá han exagerado con esas definiciones poco felices, y del que estoy seguro mi madre y mi abuela no se sentirán orgullosas.

El caso es que simplemente olvidé un encuentro (precisamente no era una cita), acaso víctima de mi mente, frágil y despistada. Sin lugar a dudas creo que ese debe ser uno de mis peores defectos y a veces el mejor mecanismo evasivo.

He recibido comentarios de cibernautas que creen que dejaré a la popular Pamela sola con su llanto, que iré a buscarla cual superhéroe en la noche e incluso alguno que apagaré mi celular. Es decir se han tejido toda clase de especulaciones. Que para serles sinceros era lo que buscaba. Al fin y la cabo, este espacio lo escribo yo, pero lo construimos todos, tanto ustedes como los bloger, ahí radica lo importante de su participación y saber qué es lo que ustedes hubieran hecho en mi lugar.

Es así que sin más preámbulos continuaré.

Tras recibir la llamada de Pamela no supe qué hacer. Pensé, como ya dije, que se trataba del viejo truco de las mujeres por asumir su rol de victimas, que a veces funciona y que en la mayoría de veces funciona conmigo.

Me sentía contrariado en medio del bar, con la música saliendo del viejo piano del bar Miunich (no piensen que es una ‘burrada’, el antro tiene ese nombre y no Múnich como la ciudad alemana). Mis amigos conversaban, acaso despreocupados del mundo y de la situación catastrófica que vivía uno de los acompañantes de aquella mesa redonda.

Fueron minutos interminables, porque no deseaba irme a ahí. Necesitaba el espacio que compartía con ese grupo de patas, pero de otro lado aparecía el remordimiento de haber dejado plantada a Pamela. Me dije a mí mismo, “bueno esta decisión se debe tomar rápido para que no duela y bien pensada para no estar insatisfecho, es decir cavilada al milímetro y razonada con precisión”.

-Detén marín de do pin gué tucara...

¿Qué podía hacer?. Tomé la decisión de manera veloz, pero creo que algunos minutos más pude pensarla. Digamos que mi razonamiento no fue el más exigente y concienzudo.

Cogí mi casaca, dejé un billete en la mesa y me despedí de todos. Sabía que había hecho mal, pero qué más daba. Cuando quise arrepentirme ya estaba en el taxi acomodándome el cinturón de seguridad.

Los semáforos pasaban y las luces de la calle acentuaban a cada segundo mi mala elección. Queriendo acabar rápido con esa situación, despacharla temprano a su casa y volver a mi reunión. Al fin cuando llegué al lugar donde me estaría esperando la susodicha no había nadie. Llamé a su teléfono.

-Hola Pamela. Ya llegué, ¿Dónde estás tú?.
- ¿Llegaste?. Pensé que no lo harías. Yo estoy cerca, espérame cinco minutos.- me dijo con una tranquilidad sin igual.

La forma en que Pamela había contestado el celular me hacía presagiar que ya estaba mejor. Distaba mucho de la voz esquizofrénica de la primera llamada y del sonido de entierro penoso de la segunda. ¿Qué demonios estaría tramando?.

Me senté en una banca del parque a esperar su llegada y cuando me disponía a observar mi reloj vi dos sombras acercarse hacia mí, una la reconocí y la otra nunca la había visto en mi vida.

Cuando levante la cabeza vi a Pamela acompañada de un tipo algo mayor que yo. Lo raro es que la tenía cogida de la cintura como quién coge a su enamorada.

-¿Qué se siente esperar?- fue lo primero que me dijo. Valgan verdades no le encontré ningún sentido a esa frase.

-Normal. He llegado hace unos minutos. Bueno eso creo que eso es lo de menos, ¿para qué querías que venga a verte?- pregunté para terminar de una vez con este trámite engorroso.

-Para que conozcas a mi enamorado, se llama Diego y él sí me trata bien.

Sentía que todo era parte de una broma y que empezarían las risas y luego los reclamos para continuar con el desenlace normal de una discusión. Pero no veía que ninguno de los músculos de su rostro esbozara una sonrisa.

No me importaba que tuviera enamorado, pero sabía que estaba mintiendo. Lo que menos quería parecer era celoso. Sin embargo, si me quitaba en ese momento ella pensaría que me afectaría

-Mucho gusto Diego. Que bueno que estén juntos. ¿Hace cuánto tiempo que son enamorados?- pregunté sin siquiera encontrarles sentido a esa frase.

-Eso no te importa maricón. Ya me dijo mi novia que la estás llamando todos los días y que la jodes mucho.- respondió el tipo que acompañaba a Pamela y que ella me había presentado como Diego, y que por cierto tenía una cara de imbécil única.

Empezamos una discusión totalmente estúpida. Lo peor de todo es que nada era cierto, si alguien quería algo, esa era Pamela. Lo insulté y le quería sacar la mierda, pero no por presentarse como enamorado de Pamela. Solo por faltoso, y porque no entendía un solo carajo de lo que sucedía ahí.
Pamela nos separó, el muchacho tenía agallas porque con ese rostro de tarado hay que tenerlas y bien puestas. Me quise quitar pero antes le quise pedir una explicación, creo que me la merecía. ¿Ustedes no lo creen así?

9 comentarios:

Carmen Rosa Ramos dijo...

no lo puedo creer esa mujer o està loca o es una rufla!, jajaja. osea que fuiste por las...
buen final inesperado. quenuqe creo que pude tener una continuación.

Greca dijo...

Estás churro!!!

Anónimo dijo...

buen finbal saludos

Anita dijo...

jaja, te dieron de tu propia medicina. que buena. Igual, será para la próxima, auqnue creo que la chica nunca te gustó

Anónimo dijo...

Puta tio hay cada loca... guarda ahi pasalas por colador primero. No es por nada ni afan de venganza, pero creo que ella se merece una, una de esas venganzas en que solo le vez la nuca y le recriminas todo lo que quieres, espero lo haga tu personaje, porque esa flaca se lo merece.
PCD

gise dijo...

muy interesante lo que escribes martinsito

carlita dijo...

Un final raro. simplemente raro. osea que la golfa esa no querìa nada contio o si??
bueno de todas maneras, se ve a ti te dio igual. Un beso

Martín Acosta González dijo...

Chequen una buena entrevista a Fernando Armas....(por Martín Acosta)

Martín Acosta González dijo...

Haciendo click aquí

http://blogs.elcomercio.com.pe/entrevistas/2008/09/fernando-armas-en-los-chistoso.html