19 octubre 2008

De Windows a Ubuntu



Mi primer contacto con Windows, recuerdo fue en el año 2000 —vaya cuántos años han pasado, pareciese que fue ayer— y el primer sistema operativo que me deslumbró fue, el ahora casi arcaico, Windows 95. Lo recuerdo perfectamente y hasta sería capaz de mencionar las características técnicas de aquella vieja, pero en ese momento, hermosa 486 (un ordenador más lento que una Pentium I) con: un microprocesador 486, una placa de la misma característica, un disco Duro de 2Gb — sí, 2, no me equivoqué—, memoria Ram 16 Mb y un monitor en blanco y negro de 14 pulgadas. Toda una infraestructura de los sistemas, que en ese momento era lo más bello que había visto —con el tiempo descubrí mi pequeño y a la vez craso error—.

Al mejor estilo de Paul Auster y su vieja máquina de escribir, yo también le tomé mucho cariño a ese vejestorio que basaba —y basa— su sistema en un código binario (ceros y unos). Con el correr de los días, también, descubrí la maravilla que era poder equivocarse al momento de digitar y borrarlo con una simple combinación de teclas: Ctrl + Z, ese hallazgo se llamaba Word 97, una verdadera bendición en ese momento y que hizo que la prefiriera mil veces antes que volver a la prehistoria con la vieja máquina de escribir, porque ésta no aceptaba —ni acepta— la prodigiosa función de “deshacer”.

A los pocos meses estuve listo para pasar al no menos famoso Excel, programa que por mucho tiempo no llegué a entender bien, pero al igual que Word, siempre logré sacarle el máximo provecho. A los pocos años, ya veía la vieja 486 con una verdadera chatarra que sólo ocupaba espacio. Ya estaba listo para dar el gran y crucial salto de la “tecnología”. Sí, emigrar por fin a una decente Pentium IV, lástima que mi bolsillo no. Tuve que esperar algunos años más y como diría el narrador de Los años Maravillosos (Kevin Arnold aldulto): Y entonces…sucedió. Para ese momento ya me podía arrogar el título de una “arrogante ducho en la materia”, ya le había dado duro al Windows 95, 98, el fugaz 2000 y la plataforma favorita de todos, el odioso Windows XP (felizmente Microstf lo mejoró con el Servi Pack 1, luego el 2 y ahora el 3).

El gran descubrimiento fue precisamente sobre la plataforma del XP, pues un día Diosito se compadeció de mí y me iluminó. Ese día —que ahora no recuerdo la fecha— me enteré de algo asombroso: Disfrutar de un sistema operativo original y gratuito, de nombre raro, pero fácil de recodar, llamado Linux. Hasta entonces mis adquisiciones de Software se limitaban a una vulgar y cochina copia pirata adquirida en Wilson por unas cuantas monedas. Sin embargo todavía como hoy aún no usado ninguna variante de Linux.


A Ubuntu, un hijo de Linux, le vengo llevando el rastro hace más de un año. Todavía no lo he probado, pero creo que este 31 de octubre —cuando esté lista para descargarla— por fin abandonaré temporalmente Windows, después de ocho años ininterrumpido, para “coquetear” con Ubuntu, el cual espero se convierta mi sistema operativo principal en mi, todavía, Pentium IV.

Hoy, como ese lejano año 2000, en que por primera vez conocí la maravilla de la tecnología, estoy nervioso. Sólo que ahora yo descargaré e instalaré el famoso Ubuntu o cualquiera de sus variantes (Kubuntu, Edubuntu…)

1 comentarios:

Pablo Córdova Delgadillo dijo...

Dios sabe que experimento siempre cosas nuevas, pero nose tío, como que pienso que podría haber conflictos luego, al menos yo que manejo video en la pc, nose como reaccionara con el premier.
Respecto al Vista, pura pinta y finta, chekearemos Ubuntu, obviamente despues que lo recomiendes.