09 septiembre 2008

Rodrigo Machado

Poemas Reunidos (1957-1962). Consta de cuarentainueve poemas, los temas son diversos van desde lo cotidiano hasta algunos de combate, la influencia del poeta ruso Vladimir Maiacovsky, de Neruda, Vallejo es notoria, también las lecturas del marxismo.

El primer poema se llama “Melodía”, pone en manifiesto su tiempo lejos de casa, de su familia y su juventud.

Recuerdos y recuerdos / ¡de cosas que no quisiera recordar! / El cielo quiere llevarme de nostalgia hoy día” (pág. 161), luego viene un poema cuyo título es “Hambre”, poema cargado de expresiones hiperbólicas, “me comía los árboles de la avenida”, / que los ojos con los hombres ciegos / querían devorar”, líneas más abajo, cinco versos que a cualquiera lo sorprenden por el contenido extrínseco e intrínseco que tienen. “Me comía a los hombres buenos / pues yo sabía que eran pocos / y a quienes los lobos querían devorar. / Me comía a mí mismo. Sí a mí mismo. / Pues intuía que me querían devorar”. (pág. 162).


Heraud, un poeta que a pesar de su juventud cultiva la poesía moderna de manera magistral en su generación. Las lecturas de Maiacovsky son trascendentales, comparemos unos de sus versos:

Heraud:
“La confusión que reina por todas partes / El hombre que trabaja. Que suda. / Los círculos que dibujan los pintores. / Las palabras que se encuentran en los libros. / Las noticias tontas que se publican en los diarios”. (Caminos del Caos, pág. 163)

Maiacovsky:
“Los maestros / toman la tierra, / la descarnan, / la destrozan, / y enseñan: / Toda ella / no es más que un globo pequeño, redondo. / Pero yo, /con los codos aprendí geografía. / No en vano he dormido tanto sobre la tierra. / Los historiadores se atormentan con importantes preguntas”. (Antología poética, Edit. Losada [1970], Bs. As. págs. 121-122).

Rodrigo también se dio tiempo para hacer un poema de veinte estrofas en homenaje al gran Neruda, empieza con este verso: “Viniste a mí como un rápido corcel”, y con palabras precisas haciendo uso de la narración y la descripción nos ha dejado un buen poema a la que él llamó Oda a Pablo Neruda. “Tú eras canto en el / mundo ofrendado / El tiempo es tu amigo / inseparable, no te separará el alma de las primaveras...” En cada poema, en cada verso, se le encuentra al poeta preocupado, con una crisis artística y humana como que se desubica del medio. “Pierdo por la cuesta cada día / mis pasos. Ya no los escucho / como antes (retumbando en la vigilia)”. (Pág. 173). “Los pájaros cantan de madrugada en/el sol. Al alba prosigo lentamente / mi subida cada vez con menos cosas/mías. Voy perdiendo mis recuerdos, / (mi madre, mis amigos, Dios, que / lejos están de mí" (pág. 176). Versos reflexivos con mucha nostalgia y añoranza por lo que se fue y por lo que vendrá. Página tras página se encuentran poemas de diversos temas e inquietudes, muchos con excelente rigor poético, citaré por ejemplo los versos que el poeta hace cuando viajó a Cuba. Washington Delgado lo compara con Mariano Melgar y justo este poema lleva un epígrafe del aeda arequipeño muerto como Heraud, muy joven, pagando caros los ideales por la liberación de la patria.

“Partir por mi patria sometida y
por ti mi bien”.
Heraud dice “Un día me alejé de casa. / Dejé a mi madre en la puerta / con su adiós mordiéndose los ojos / me marché una tarde, abandoné todo, / mi patria, mi país, mi casa... Yo sabía que ese viaje era / para mucho”.

En otro poema de corte histórico y épico alude al Perú directamente: “Mi país es una casa / antigua y casi derruida. / Los que vivimos aquí muy poco la conocemos”. (Págs. 190 - 192).

Extrayendo versos del poema especial como él lo llamó quiero ir dando fe ya de que en Heraud se encuentra como en pocos ese lirismo, esa magia, ese amor fraternal, esa lucha constante, ese quehacer de la poesía un arma para vivir dignamente sin vender la conciencia. “Poema especial” lo considero el epitafio del poeta o mejor dicho, la explicación sincera, la razón de la vida del poeta como artista y como hombre de acción.

Por amor a mi patria, a mi Perú,
por amor a mi suelo, a mis
paisajes,
por amor a los pobres de mi tierra,
por amor a mi madre, a sus
cariños,
por amor a hermanos y amigos.

Aunque él mismo dude de su actuar y cargue, diría, de tristeza y de duda todo lo que ya le llegaba. “No sé qué pasará conmigo y mis hermanos en la lucha / pero supe vivir y morir como hombre digno, / queriendo respetar y salvar al que todo lo sufre,...” (págs. 241-242).

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