13 septiembre 2008

Síndrome


La máxima representación de la pureza del ser humano se ve reflejada en la acariciante mirada, en sus primeros días de nacido, en la fragilidad de sus articulaciones, en su condición de dependencia total. Cada una de sus cualidades, propias de un ser nuevo y que hacen al hombre una creación perfecta, se van desvaneciendo en la medida en que van tomando contacto con el mundo exterior, mundo en el que todos nos adherimos, formando parte del putrefacto sistema cuyo cáncer crónico destroza sin piedad a aquella personita que un día vino a esta realidad inmunda.

Aquel ser de tierna y dulce mirada, de mejillas lozanas y de llanto inocente, es el pasado de todos aquellos que estamos enfermos, contagiados por el síndrome de la adultez, cuyos síntomas se agudizan más y más mientras el tiempo transcurre atacando principalmente al corazón y al cerebro, matando la inocencia y cambiando los pensamientos; convirtiéndonos en unos monstruos enemigos de nosotros mismos.

Asimismo, y de manera contrafáctica, la adultez vendría a ser una perfecta inmadurez ante los ojos del creador; puesto que a medida que dejamos de ser niños, vamos perdiendo muchas cualidades correctas, por ejemplo: perdemos la capacidad de dejarnos guiar porque pensamos que lo podemos hacer solos, perdemos la capacidad de perdonar, perdemos la capacidad de soñar, perdemos la capacidad de mostrar nuestros sentimientos sin vergüenza, perdemos la capacidad de compartir, etc.

La sociedad nos va lastimando tanto que empezamos a protegernos y en ese intento vamos perdiendo nuestra esencia pues nos colocamos una armadura que nos hace ver diferentes estratégicamente; eso es adultez, una enfermedad con la que aprendemos a sobrevivir y muchos mueren con ella.

Por otro lado, si observamos más a los niños aprenderíamos a equilibrar nuestra vida; tomaríamos de ellos aquello que un día perdimos y nos convertiríamos en hombres libres e íntegros; dejaríamos de ser esclavos de nuestros prejuicios, posturas, rencores, envidias y otros propias del síndrome de la adultez.

Alguien muy sabio dijo: "Dejad que los niños vengan a mí porque de ellos es el Reino de Los Cielos". También dijo: "Tenemos que ser como niños para ingresar al Reino de Dios". Este mismo sabio, revolucionó todo cuando dijo: "Para entrar al Reino de Dios, debemos nacer de nuevo", y no necesariamente se refería a la materia, sino al espíritu. Tema que no es del agrado de los adultos.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

De pura casualidad me encontre con su columna, felicitaciones, les avisare a mis amistades su existencia en el Ciberespacio. Escogiendo al azar me encontre con un respetable autor de "juancarladas" el cual en un articulo, pregunta sobre la frase "TA PLANCHAO" (en mi comentario veran la explicacion DE UN EXPERTO EN CIENCIAS URBANO MARGINALES DE LIMA METROPOLITANA) espero la lean todos y talvez nos animamos a enviarla a la Real Academia de la Lengua Española. Felicitaciones

Anónimo dijo...

De pura casualidad me encontre con su columna, felicitaciones, les avisare a mis amistades su existencia en el Ciberespacio. Escogiendo al azar me encontre con un respetable autor de "juancarladas" el cual en un articulo, pregunta sobre la frase "TA PLANCHAO" (en mi comentario veran la explicacion DE UN EXPERTO EN CIENCIAS URBANO MARGINALES DE LIMA METROPOLITANA) espero la lean todos y talvez nos animamos a enviarla a la Real Academia de la Lengua Española. Felicitaciones

Frank López Guerrero dijo...

Estimado Anónimo:
Gracias por tus plabras y por comentar. Estoy seguro que tus palabras --LA DE UN EXPERTO EN CIENCIAS URBANO MARGINALES DE LIMA METROPOLITANA-- serán bien recibidas por la RAE.
Y sí tines razón el creador de "JuanCarladas" es un autor muy respetable.

Saludos.
pd. Sería bueno nos dejes un enlace a tu blog.