04 octubre 2008

Mi hembra

Tu madre te concibió y a mí la mía. No nos conocemos, pero nos pertenecemos. Nos afectamos aunque no nos hablamos. Naciste de un vientre, yo de otro. Perteneces a un lugar y ese no es el mío, tal vez es menos frío que el corazón ubicado en mi pecho. Y pensar que nos fusionaremos en un mismo lecho, pues naciste hembra y yo macho.


No sé dónde estarás en este momento: estarás llorando o estarás riendo, estarás sola o acompañada. Lo que sí sé es que estás desubicada y para mí estás separada y cual diagrama cartesiano, en un punto de la vida cuadriculada; nos encontraremos. Tú me rescatarás de mi soledad y yo tal vez de tu adversidad. No conozco tu rostro, aunque debe ser el más bello, ya que Dios conoce mi gusto y sé que serás un destello, pues él hizo tus bustos y mis labios inmortalizarán en ambos al campeón de mis espermatozoides, pues será con el único que compartiré aquellos deliciosos bocados ovoides.

Oh hembra, cuyas medidas se ajustarán a las mías. No sé dónde estarás, pero según mi morbofilosofía, conmigo te aparearás de noche y de día. Sólo espero que antes de tal acontecimiento, nos juremos ante el firmamento que por siempre seré tuyo y tú mía.

Oh, mujer mía, no te conozco, pero te alucino. Si tan sólo tuviera una pista de tu paradero adelantaría nuestro certero destino. Pero sólo Dios sabe cuándo es el momento de salir de este triste desierto. Por eso mantengo los ojos bien abiertos y el corazón sincero en la mano, pues hasta ahora con ninguna me afano dado que su sentimiento, no mi marca, prefiero esperar que vengas tú, ya sea de París o de Cajamarca.

1 comentarios:

Pablo Córdova Delgadillo dijo...

Muy muy bueno, quisiera haberlo escrito yo, jaja, pero soy demasiado grosero.
Veo Cavilaciones cada vez mejor tío. Felicitaciones.