24 noviembre 2008

Sin conclusiones

Hace unos días intenté vaciar mis intestinos sentimentales en el inodoro de la web. Como resultado me encontré manchado de mis mismos problemas. Sacié mi sed de venganza, aunque a estas alturas no sé bien que de dónde provino ese sentimiento, que ahora parece ajeno mi persona.

Nadé por los esfínteres de mi irresoluta masturbación ‘amorosa’ y llegué a una conclusión totalmente obvia. O mejor dicho no llegué ninguna porque si al principio me pregunté: ¿Por qué necesitamos mentir? e intentaba encontrar una respuesta, ahora sinceramente estoy peor, pues desconozco mayormente. No tengo entendimiento.

Ahora mucho más tranquilo y sin la epilepsia del domingo pasado pienso mejor. Es decir con la resaca del engaño, no podía discurrir adecuadamente. Como que se me nublaron las ideas y actuaba cual kamikaze intentando destruir mi vida a punta de sufrimiento desgarrador, producto de los besos traicioneros de una mujer. Hoy puedo aceptar la desdicha y dicha de amar a alguien así.

He escrito mucho y no he dicho nada. Y es mejor así. Será la última vez que derrame sobre estas paginas alguna historia inentendible. Gracias por la catarsis.

1 comentarios:

Pablo Córdova Delgadillo dijo...

Realmente era necesario este post, la distancia entre lo personal y la narración en primera persona debe ser siempre lo que nos proteja, a los que solemos escribir en primera persona, no en vano he pasado como pedófilo, violador, putero y pega mujeres, algo se aprende, y como comprobaste tio, nunca resulta.
Un abrazo.