15 noviembre 2008

Te cuento

Al observar la cándida mirada de mi hijo de dos meses, logro entender el accionar de Dios en nuestras vidas como un padre que observa con amor a sus hijos.

Tal vez usted sea de los que no cree en la existencia de Dios; pero no es mi afán convencerlo de lo contrario, sólo quiero que serpa, amigo lector, que en particular no creo que halla forma de comprobar su existencia o su no existencia, aunque personalmente m siento bien pensando que hay un ser superior que me inspira a hacer las cosas bien.

Quizá hay gente que se goza siguiendo tendencias o corrientes de moda y piensan que están bien pues se sienten bien, aunque su filosofía de vida no tenga un fundamento del amor que te motiva a ser mejor hijo, mejor padre, mejor esposo, mejor amigo, etc.

Sin mayor cucufatería quiero compartirles que ahora que soy padre entiendo mejor la filosofía cristiana, puesto que es una filosofía de sacrificio y amor desmedido, sin esperar nada a cambio, en donde ves tu realización en la medida que sirves y ves crecer correctamente a los tuyos; desarrollas el sentido de la fidelidad, dejas todo egoísmo y te entregas a una causa cuya satisfacción no tiene medida.

Tampoco intento proliferar la paternalidad, solamente cuento parte de mi experiencia como persona a los respetables lectores quienes me visitan.

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