16 diciembre 2008

El compromiso del creador

Yo he conocido cantores
que era un gusto escuchar,
mas no quiero opinar
y se divierten cantando;
pero yo canto opinando
que es mi modo de cantar.
(José Hernández)
Palabra de Guerrillero
Porque mi patria es hermosa
como una espada en el aire,
y más grande ahora y aun
más hermosa todavía,
yo hablo y la defiendo
con mi vida
no me importa lo que digan
los traidores,
hemos cerrado el pasado
con gruesas lagrimas de acero.
El cielo es nuestro,
nuestro el pan de cada día,
hemos sembrado y cosechado
el trigo y la tierra
son nuestros,
y para siempre nos pertenecen
el mar
las montañas y los pájaros.
(Javier Heraud)


La estrofa del Martín Fierro y el poema de Heraud citados más arriba se refieren, sin duda alguna, al compromiso del hombre, del escritor-creador, con la realidad histórica de su pueblo, cuestión que muy bien plasmada quedó en el obrar y quehacer literario de Jean Paul Sartre. En nuestra patria, escritores ejemplares que asumieron sin titubeos un compromiso social con nuestro pueblo, dispénsenme si omito a alguno. Pero estos son: Sebastián Salazar Bondy, Manuel Scorza, Javier Heraud, etc. Al primero, Mario Vargas Llosa le dedica un ensayo, después de su muerte, en el cual, también este fructuoso narrador peruano-español expone muchos de los problemas del escritor en la sociedad peruana, digamos, el destino infausto del escritor en Perú.

En una sociedad como la nuestra, calificada con nota desaprobatoria por no leer, pareciera que el escritor no cumple ninguna función; sin embargo esto no es así. Salazar Bondy, Scorza en su tiempo fueron pluridisciplinarios, cumplían como escritores, como políticos y como promotores y/o editores culturales. A diferencia de Heraud que sólo cumplió dos deberes loables: el de poeta y de Revolucionario. No obstante, cabe preguntarse y hoy qué hacen los escritores, los galardonados, se hacen los muertitos y sólo opinan cuando les conviene, ¿o no les importa para nada el destino de la nación? O es qué ya han sido convencidos por los indicadores económicos, por los majestuosos “programas culturales” implementados paso a paso; por cada uno de nuestros gobernantes, personajes tan aciagos, en el actuar y en el decir las cosas. Diariamente, se esfuerzan junto a sus ministros en tratar de convencer al pueblo, hacerle creer que de aquí en un tiempo no tan lejano, nuestro país será algo así como un Paraíso terrenal, hay mucho crecimiento financiero.

Yo os digo, por qué no se dicen las cosas, los informes económicos, las noticias con más cautela, verazmente; para así no generar falsas expectativas en la población. Los intelectuales, los escritores ni susurran ante este actuar de nuestros corruptos y escandalosos “políticos”, es qué se han creído el cuento, o quieren qué se resucite a los muertos. Tan convencidos están de la democracia peruana, cuando ésta es pura corrupción, pura burocracia, puro engaño, pura traición. Por qué los galardonados no salen al frente y se pronuncian sobre este tan delicado asunto y otros más. Por qué no se preocupan por orientar y educar al pueblo. A la juventud por qué no la guían para que aspire a participar en crear nuevos partidos políticos con ideales acordes a nuestra patria y a nuestra historia. Teniendo en cuenta que los que hoy existen están en manos de unos cuantos oportunistas, rufianes que creen que llegar al sillón de Pizarro o al Congreso es como llegar a la chacra del enemigo, destruir, saquear todo lo que hay. Y de otros que sin ningún descaro se perpetúan en el curul para que el pueblo les costee su vida y la educación de sus hijos, aun en el extranjero. La política peruana ¡señores! es una ramera, y los que disquen liderarla son unas marionetas de trapo, manipulados por el genocida imperio norteamericano, principalmente, sobornables por las transnacionales, principales enemigas de la flora, de la fauna y de los pueblos.

Que no olviden los escritores, que si bien es cierto, lo suyo es el arte, pero tampoco olviden lo que decía Sartre “la verdadera cultura es la revolución”. El término revolución, revolucionario, debe estar vigente en países, caóticos y subdesarrollados como el nuestro. El escritor uruguayo Mario Benedetti opinaba:

“Una revolución debe abarcarlo todo: desde la ideología hasta el amor, desde la conciencia hasta la economía, desde la tierra hasta la imaginación. Un escritor, un artista, debe usar su capacidad imaginativa para defender, dentro de la revolución, su derecho a imaginar más y mejor”. 1

Acaso no es que mediante la imaginación el hombre es capaz de inventar cosas, de crear ideas, en resumen cultura liberadora, esa que tanta falta le hace a nuestro pueblo, de qué vale un desarrollo “económico” sin un mínimo desarrollo cultural. El peruano común de repente viéndose con los bolsillos llenos de dinero, pero como carece de educación no va ha tener la capacidad de invertir su salario en cosas útiles como decir libros, vivienda, salud; sino más bien va ir a dejarlo en las cantinas o en Ripley, Metro, Saga, Wong., etc. aun quizá compra tres, cuatro celulares. Nadie se sorprenda esa es la cultura que hoy tenemos y alimentamos.

La responsabilidad del creador, del intelectual es tan amplia, y en este sombrío tiempo para nuestra patria y para el mundo urge hacerlo, ya que mientras que uno vive no puede desconocer el valor de la sociedad, “Lenin decía que: “vivir en una sociedad y no depender de ella es imposible”, a mi juicio esto sigue siendo válido. Cuidado no me vayan a nominar Comunista. Pregunto qué novelista, qué poeta puede vivir aislado del mundo, la respuesta es ninguno. En algún tiempo se insinúo y hasta afirmaron algunos analógicamente que el escritor era al arte y que su competencia era cantar, descubrir la belleza, mas el tiempo, la historia en hora buena no les ha dado la razón, tengamos en cuenta que si un escritor evade la realidad social, es porque las cosas andan mal en la sociedad, le causan hastío, horror; y si trata de encararlas es también por lo mismo. No olvidemos que los cambios sociales, culturales; siempre son duros de entender y aun difíciles de hacerlos; por ello es que, en el mundo casi no ha habido procesos revolucionarios en el plano cultural, en el plano político se han maquillado algunos más no se han hecho.

Sabemos que crear cultura es tarea de los escritores, de los intelectuales, de los dotados; y es obra de difusión de los gobiernos mediante sus políticas culturales, esas que aquí en nuestro país son casi invisibles, por no decir nulas. Aquí cabe interrogarnos ¿por qué nuestras autoridades permítense hablar con tanto triunfalismo de tantas cosas (electrificaciones, carreteras, hospitales, indicadores económicos que causan envidia de los países vecinos) y por qué no de reales programas educativos, del fomento cultural a lo largo y ancho del territorio patrio? La respuesta es muy sabida, a ninguna autoridad sea el cargo que tenga le importa la educación verdadera, liberadora, crítica. En resumen odia que el pueblo acceda a la cultura, a los libros; ya que puede en estos descubrir sus farsas, sus malas intenciones. Y eso le puede causar un dolor mortal, porque él está acostumbrado a vivir de la política, que aquí en nuestro Perú es lo mismo que decir vivir del trabajo de los pobres, de los que ignoran las cifras económicas, las leyes, la historia de su mismo pueblo.

Por todo esto, otra vez vuelvo a preguntar cuál es la tarea, el compromiso del creador, del intelectual peruano. Si fuera crear cultura dirá que ya lo hizo, y con creces. Entonces, por qué en estas últimas décadas es cuando más se siente vacía la relación escritor-ciudadanía común, aquí quedan incluidos (campesinos, obreros, mineros, desempleados, profesionales mal pagados). En mis casi treinta años, aún no he tenido la dicha de ver a un galardonado en una plaza pública del distrito más remoto de la patria hablando sin ningún reparo con el hombre común, no he escuchado un manifiesto firmado por los galardonados condenando los abusos, las infamias de los gobiernos de turno que cometen con las masas hambrientas y desempleadas o con los obreros mal pagados; tampoco he podido ver a un poeta liderando una revuelta popular, especialmente en esas donde los mineros reclaman sus derechos o en esas donde las poblaciones no permiten que una transnacional aliada con los funcionarios del gobierno llegue a envenenar sus ríos.

Se puede decir que el escritor peruano, es un parnasiano, un simbolista, un modernista cabal, no le interesan los problemas de su país, vive para el arte, poetiza sólo a la belleza de manera exclusiva, o es que si se une a las masas pierde su puesto de trabajo. Claro que en un país carente de empleo, conseguirse uno es ya un premio, y si es en la esfera del poder mejor. Algo más que podemos aquí decir es, el porqué el pueblo, no confía en nadie, ni en jueces, ni en policías, ni en congresistas, ni en ministros, ni en el Presidente. Una razón es la siguiente, el pueblo carece de educación política, los llamados líderes se recuerdan de ellos solamente en procesos electorales, y les generan falsas expectativas, expliquemos, les mienten, los burlan. La razón de no creer en el accionar de jueces y de policías, es porque nuestra sociedad es corrupta, nuestro niños pareciera que a parte de nacer debiendo muchos dólares a los países poderosos del mundo, nacen corruptos. Los gobernantes eso es lo único que día tras día nos enseñan.

En la estructura psíquica de la gran mayoría de ciudadanos existe esa idea de que el policía y el juez actúan a favor del que les da más dinero. No es una novedad ver como un chofer de combi no tiene los documentos en regla, observa a lo lejos que hay operativo y sino puede evadir, sigue en marcha, pero ya lleva listos diez o veinte soles para el policía, este se los recibe, falta arreglada. El juez hace lo mismo que el policía, claro la coima es más, y el escenario es otro. En nuestro país da furor el comportamiento de la justicia, porque nunca sentencia como debe ser. Un ladrón de carteras en el Lurigancho, el que roba millones, que asesina presos, sino anda en libertad está en una cárcel a todo lujo, en la que cualquier peruano acomodado quisiera vivir, ni que decir un falto de techo.

Con todo este panorama, por qué el creador no asume un rol protagónico en el desarrollo de la sociedad peruana, acaso ha olvidado que las palabras, las ideas tienen un poder inconmensurable, no sabe qué la literatura sí tiene poder. Recordemos este planteamiento que le hizo un obrero a Pasternak: “Le dijo condúcenos hacia la verdad. Y la respuesta de Pasternak: “¡Qué extraña idea! Jamás he tenido la intención de conducir a nadie a lugar alguno. Quizá el poeta ruso fue muy humilde o muy orgulloso. Porque la poesía si es un recurso para conducir, iluminar a los hombres”.

Estas ideas deben hacernos pensar que el obrero, el minero, el campesino; si el creador quisiera compartir su amistad, su pensamiento de manera sincera, este desinteresadamente lo aceptaría, lo tomaría como un guía. No obstante, para que la poesía ilumine, encamine a los hombres esta debe ser leída, lamentablemente eso no se hace en nuestra realidad. No quiero encontrar una justificación para el escritor, sino más bien quiero que reflexionemos sobre esto. Vargas Llosa fue categórico, aunque esta opinión ya data de varios años atrás, la dijo, cuando él dilucidó sobre la nula lectura, a la producción literaria de los escritores en nuestro medio. Pero como las cosas siguen igual y aun peor, aquí la cita:

“El escritor sin editores ni lectores, falto de un público que lo estimule y que lo exija, que lo obligue a ser riguroso y responsable, no tarda en preguntarse por la razón de ser de esta lastimosa situación. (…). El escritor no pude pedir cuentas por falta de una cultura nacional a quienes no tuvieron jamás la oportunidad de crearla porque vivieron vejados y asfixiados. Su resentimiento, su furor se vuelve lógicamente hacia ese sector privilegiado del Perú que si sabe leer y sin embargo no lee, a esas familias que sí están en condiciones de comprar libros y que no lo hacen, hacia esa clase esa clase que tuvo en sus manos los medios y el poder de hacer del Perú un país culto y digno y no lo hizo”.2

Podemos apaciguar las aguas y decir que pobre del escritor peruano nadie le ayuda, ni público, ni editores. Pero eso si no le quitemos su responsabilidad como artista, y su compromiso que él debe asumir y cumplir con la sociedad de la cual es parte. La literatura es de clase y eso no podemos negarlo, por ello cada creador con su clase. Hoy los creadores son burgueses, para nada les incumben los problemas de la clase popular. Obviamente, tampoco pensemos en dejar de enjuiciar las acciones y medidas culturales que hacen los gobiernos de turno y los dueños del poder.
Con este principio concluyo. El creador verdadero pone interés en los problemas internos y externos de la vida real, armoniza, suma fuerzas con la de los grupos progresistas (revolucionarios), sin confundir el término. Sabemos que el adjetivo revolucionario se utiliza para designar a aquel que lucha por un cambio. Ningún creador nato creo, que no sepa que toda obra artística se origina en la práctica social, ya que su fin es dar de que hablar de un grupo, sea este poderoso, político, social, inclusive hay obras que testimonian la vida de todo un país. Hay muchas magnas obras que tienen su origen en acciones de hombres dotados de espíritu y de acción. En la literatura rusa abundan. También es cierto, que hay algunas panfletarias, de esas no hablamos. En nuestra América podemos hablar; por ejemplo, del Canto General de Neruda; de España aparte de mí es cáliz, de Vallejo; del Canto Nacional de Cardenal, de La ciudad y los perros de Vargas Llosa, de Cien años de soledad de García Márquez; de Todas las sangres de J. M. Arguedas; y de Pedro Páramo de Juan Rulfo. Estas obras dieron mucho que discutir, porque traían mensaje aleccionador, digamos en concreto, hablan de un pueblo, de una sociedad, con sus complejos, sus luchas, sus creencias, sus temores, sus maldades y bondades.

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